TERAPIA DE PAREJA - PSICÓLOGO FRANCISCO BELTRAN - ELCHE

LOS CELOS

 
LOS CELOS, EL LADO OSCURO DEL AMOR

Un reciente estudio norteamericano acaba de demostrar que más del 33% de las parejas sufre de celos y casi la mitad de los encuestados los consideran una consecuencia inevitable del amor verdadero.

El estudio al que hacemos mención se obtuvo de un total de 651 estudiantes universitarios, de los que un 33% confesó estar afectado por los celos en sus relaciones actuales. Los síntomas son pérdida de la autoestima, abuso verbal, peleas iracundas o pánico a ser acosado; es decir, se manifiestan tanto en el celoso como en el celado.

Sin embargo, de la misma muestra, el 46% consideró que eran una consecuencia inevitable del amor verdadero. El psicólogo David Buss es autor del libro Pasiones peligrosas, en el que habla del lado positivo de los celos en la relación de pareja. Según Buss, los celos son tan necesarios para el hombre y la mujer como el amor y el sexo. De hecho, la mayor parte de los celos no son patológicos; estos sentimientos son una defensa primaria contra alertas de infidelidad y abandono.

Según Buss los celos controlados pueden enriquecer una relación, ayudar a la pasión y ampliar el compromiso. Para este autor, la total ausencia de celos está asociada a la falta de romanticismo.

Si bien existen relaciones en las que uno de los dos es más celoso, la respuesta no está en la personalidad del sujeto, sino en la naturaleza de la relación. "Si su pareja muestra señales de distanciamiento o si hay una relación en que uno es más deseable que el otro, lo más probable es que existan cuadros de celos considerables", señala Buss.

El síndrome de Otelo.
Si bien los celos son normales y naturales en la conducta humana, existe un lado oscuro en estas pasiones: los celos patológicos. ¿Qué ocurre cuando los celos se convierten en algo obsesivo?

Cuando la persona amada recibe una llamada y se siente la necesidad imperante de saber en el acto de quién se trata; cuando se está en grupo y se dedica a observar todos los movimientos del otro; cuando no se tolera que la gente sea excesivamente amable con él/ella; si se piensa constantemente que no se es lo suficientemente bueno para el otro, etc. Estas situaciones, para medir si uno es -y en qué grado- celoso, abundan en los tests de las revistas para entretenimiento de los lectores. Un pasatiempo intrascendente en torno a una emoción, inscrita en el ADN de los humanos, que puede desembocar en catástrofes cuando adquiere la categoría de obsesión patológica, alimentada por otros factores como el alcoholismo o el estrés.

El amor se puede transformar en odio y la distorsión de la realidad puede ser un verdadero calvario para la pareja.

"Nueve años seguidos quisiera estarla matando", dice Otelo, en la obra homónima de Shakespeare, cuando se cree burlado por Desdémona, su esposa.

Los expertos hablan de los celos patológicos como un trastorno bien diferente de los celos comunes entre enamorados. Este tipo de celos suelen darse en personas suspicaces, recelosas, desconfiadas, que tienden a controlar obsesivamente a su pareja. Los celos patológicos corresponden a personalidades limítrofes y pueden tener trágicas consecuencias, tanto en quien los padece, como para el sujeto de la obsesión.

Una persona patológicamente celosa cree que es dueña de los sentimientos de su pareja y la relación se acaba desequilibrando, dañando seriamente la estabilidad de la pareja.

Muchos psicólogos opinan que la falta de amor puede generar en los niños problemas de ansiedad, lo que puede derivar en un adulto histérico y/o neurótico: creador inconsciente de celos patológicos. El celoso patológico reclama sacrificio, pero no es capaz de sacrificarse y es egoísta, porque desea ser amado incondicionalmente. De ahí que el niño necesite cariño y respaldo como fuerzas creadoras, para asentarse en el mundo adulto sin problemas.